Quejas

Admito que mis escritos han sido quejas.
La premisa de la elocuencia es la persuasión,
pero lejos de persuadir, mi comunicar no exhibe mas que enojo.
Si dicho enojo pudiera fundirse en tu interior,
y revivir en tus entrañas el fuego que me quema,
cumplirían su razón de ser.
Mis horas de terapia.

Por mas que me he esforzado,
el trazo de mi pluma no engancha al espíritu de la masa,
ensancha mi agobio, alimenta el agravio.
Crece la frustración, es mi expresión un grito ahogado,
le se ínfimo, le contemplo versátil, pero no viral.
Subjetividad, parece ser que en ello se anudan mis comentarios.

Enredados, visualizan el tono de ahora...
Desde aquí miro encumbrarse a los menos,
les veo volverse colosos de la propaganda,
estrellas de la población, que brillan con una luz opaca,
que sin embargo deslumbra a seres más opacos todavía.
¿Podría yo camuflarme en lo opaco de su proceder?

Es mi anhelo todo lo contrario,
son mis días el escape de aquello,
el bochorno de saberlo cierto.


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